Ninotchka: dos discursos confrontados
Dos discursos en decadencia confrontados. JesRICART
En una visión más que preclara en un año muy anticipado a lo que a otros les costaría una generación entera entender, Ernest Lubitsch, en 1939, presentó en clave de humor, Ninotchka con diálogos de B.Willder, Charles Brackett y Walter Reisch, acerca del encuentro de dos mundos ideológicos opuestos: el capitalista y el comunista. Ni el uno era la panacea de la democracia ni el otro tenía nada que ver con la sociedad revolucionaria a pesar de usurpar uno de sus nombres, aunque el objeto del film no es tato poner en evidencia esto como el triunfo del amor por encima de las pertenencias de clase y de país de los protagonistas enamorados.
La Unión Soviética reconocida ya por Francia envía una delegación comercial a Paris para tratar de vender las joyas de una gran duquesa expropiada por los Soviets. Los 3 hombres en lugar de alojarse en el hotel Términus siguiendo las indicaciones de Moscú, eligen uno de los mejores hoteles de la ciudad y además toman la suite real con la excusa de custodiar su maleta de joyas en su caja fuerte. Desde el primer momento se dejan seducir por los placeres ofrecidos por el hotel, uno de los símbolos de la Burguesía. Irresponsables en su gestión la antigua propietaria de las joyas que está en la ciudad se entera de esa tentativa de transacción e intercede con una demanda judicial para recuperarlas. Dada la incapacidad manifiesta de sus delegados Rusia envía a una comisario para que tome el mando de la situación. Ninotchka (Greta Garbo) es una mujer de temperamento rígido que enseguida se hace cargo de la situación. Por casualidad conoce a un conde cercano a la gran duquesa. El la seduce y ella acepta el juego de la seducción. A pesar de sus prevenciones y de su mente estricta y analítica ella termina por enamorarse de su seductor y este de ella. La comisaria también sucumbe a los placeres burgueses y del consumo aunque su mente calculadora no para de traducirlo en lo que sus gastos en Paris podrían servir para alimentar al pueblo.
Increpa al mozo de andén que carga maletas considerando que esto es una injusticia social, a lo que le responde con una famosa frase: eso depende de la propina. Increpa al mayordomo de su pretendiente porque ya está en edad de jubilarse. Explica la historia de unas joyas que le han traído a Paris (en cuya venta está interesado el gobierno ruso para recaudar fondos que necesita para su país) que significó el dolor para mucha gente. El pretendiente (Melvyn Douglas) es un tipo desenfadado que no trabaja para vivir y que pertenece a esa colección de parásitos que viven de rentas o no se sabe de qué (es decir de gorra) pero que socialmente son aceptados porque se rodean de lujo, apariencias y títulos nobiliarios. Las reservas de ella sucumben ante la insistencia de él que a pesar de tipificarlo como un macho prototípico no deja de tener sus atractivos. El galán de alguna manera forma parte del dominio de la gran duquesa la cual enfrenta primero con prepotencia y después como una vulgar negociadora pidiéndole que se quite de en medio la rusa para recuperar al hombre que de alguna manera es tratado como su gigoló, La comisaria regresa a su país fallando voluntariamente a la cita de amor que tiene convenida con su amante por tratarse de u amor imposible. Este trata d conseguir su visado para ir a visitarla a Rusia sin conseguirlo. Para sacarla de huevo del país inventa una estrategia en la que implica a sus tres camaradas que actuaron penosamente con el tema de la venta de las joyas. Durante el tiempo de separación ella solo recibe una carta de él, completamente censurada con todas las líneas tachadas salvo el encabezamiento y la despedida. Todas las demás cartas enviadas por él no son recibidas. Cuando se reúnen nuevamente en la Europa oeste está claro que los permisos de libertad más que los lujos son los que convence a todos para no volver a su patria. Sus tres camaradas montan un restaurante y ella se queda con su conde.
Aparentemente es una manera di ridiculizar el discurso comunista, en realidad ridiculiza el discurso soviético que era otra cosa. Lo que les pasaba a los rusos en aquella época ya (mucho antes de mostrar otras de sus peores caras reprimiendo a los húngaros) es que se desacreditaba a sí mismos con una aplicación demasiado mecánica de la ideología marxista y una crítica demasiado tonta a la sociedad burguesa. La comisaria en su primer viaje vino con las ideas estrictas y oficiales de la burocracia de su país con críticas feroces a las relaciones de dominio del hombre por el hombre (ignorando de paso que eso no dejó de existir en su país). Con su actitud influenció a su pretendiente que pronto le propuso a su mayordomo tratarse de igual a igual, el cual se negó en redondo diciendo no estar dispuesto a compartir su cuenta de ahorros con él por lo tarambana que era. El film presenta algunas ocasiones y escenas del discurso amo-esclavo en el que el amo cuestiona que la superación de esa relación sea lo mejor que pudiera sucederle.
A su retorno a Moscú después del primer viaje Ninotchka comparte un apartamento con otra mujer repartido a partir de una de esas mansiones aristocráticas. Es un espacio vecinal en el que aire confía en nadie y ni siquiera tienen la deferencia del saludo. Ella recibe a sus antiguos camaradas a cenar, cada cual trae su propio huevo de gallina para colectivizarlo para la tortilla común. Una de las escenas más tiernas de la película es esa vieja reunión de amigos. Ella es la estrella y niña favorita del grupo y ella los quiere. Los cuatro recuerdan con nostalgia la experiencia vivida en Paris y saben la vida que se están perdiendo en la pobre, atrasada, rígida y represiva unión soviética.
La historia contiene gags divertidos. La comisaria viaja con el retrato de Lenin en su maleta. De su lucha interior no sale victoriosa su ideología sino la pulsión femenina que no consigue reprimir comprándose un sombrero que ella misma considera ridículo y que es el significante sutil de esta forma de sucumbir a la moda que tiene a la mujer postrada a objeto de decoración o de admiración. En todo caso Paris permite hacer lo que no se hace en Moscú sin temor a la represión, gritar y protestar, desear y complacerse.
La sociedad capitalista del consumismo, la variabilidad de objetos, el lujo, la burguesía potentada y sus etcéteras no era para aquella época la panacea de la felicidad y mucho menso de la seguridad (la segunda guerra mundial estallaría al poco tiempo) pero la sociedad autoproclamada comunista quedaba lejos de ser una alternativa a todo este mundo y a si misma a pesar de manejar conceptos críticos interesantes como la reivindicación de las posesiones de los antiguos aristócratas del país (joyas y mansiones) y la de abolir el dominio del hombre por el hombre, desiderátum éste demasiado vago como para llegarse a concretar íntegramente nunca aunque hubo quien creyó intentarlo.
