EL FIN DE UNA TEORÍA DE CAMBIO: DESPUÉS DEL MARXISMO
DE LA CRISIS DE LOS GRUPOS MARXISTAS A LA IMPUGNACIÓN DE LA CONTINUIDAD MARXISTA.
Análisis de coyuntura relacionado con el análisis conceptual de la fuerza histórica dirigente para las alternativas de transformación social.
El marxismo teórico ya ha quedado completamente separado de las representaciones orgánicas y partidistas que en su día hicieron ostentación de él, como método de análisis -decían- y programa de actuación. El lento crecimiento numerario de las cruzadas a la izquierda de socialismos y populismos, nunca ha prometido ser una verdadera vía alternativa electoralista al poder, pero su mantenimiento firme en la oposición visceral (dramatizada al pelo por las exigentes cacofonías de Anguita, como sujeto parámetro) ha constituido el reservorio de recogida de aquellos votos que se han sentido traicionados por las otras firmas fuertes en las candidaturas al poder. Esos mismos votos transfugácicos (que han podido llegar a 1 millón para el caso de la IU antes de su conflicto interno de fraccionamiento) se correlacionan con el síntoma de las votaciones migratorias que van pasando de su apoyo a ofertas políticas prometedoras a otras que lo parecen más cuando aquellas no resuelven temas fundamentales en su gestión de gobierno. En el fondo del proceso de migración de la confianza electoral hay el arrastre endémico de una insatisfacción social permanente. El pueblo básico y censado va otorgando un poder puntual a quienes, por sus decires y por sus morales, parecen acercarse más a una coincidencia de creencias y con quienes supuestamente pueden contar para elevar su nivel de vida, su estatuto social, sus libertades y su desarrollo social. Particularizando en ello, detrás de una elección puntual en la convocatoria de las urnas, interviene una infinidad de variables, que atenúan fundamentalmente el hecho de una identificación total entre elector y elegido, habiendo en su lugar una valoración más o menos escasa, de la conveniencia circunstancial por el elector de ese elegido.
La Europa de los Parlamentos y su grupo interno de los unidos en torno a Bruselas, tienen historia para el siglo XXI en seguir haciendo sus ensayos de mayorías que imponen leyes a las minorías, y así perpetuán conflictos inter-nacionales e interculturales que vienen desde bastantes siglos atrás. Los funcionamientos imperantes son los de las alternancias en las gestiones gubernamentales, sin que los cambios de las empresas políticas de gestión, resuelvan en lo esencial el rumbo histórico de las sociedades modernas. Antes se creía que la alternativa histórica pasaba por una transformación profunda de estructuras y una superación del capitalismo como modelo obsoleto. Ahora hay parámetros conceptuales más urgentes: el de la preservación del ambiente respirable o de la continuidad material del planeta-soporte han conseguido sensibilizar a auténticas mayorías. Antes se contaba con una teoría nutrida por dirigentes de revoluciones que cambiaron en su momento la faz de la Tierra ahora es preciso dar respuestas muy concretas a los quehaceres de vida social de situaciones particulares: ciudad a ciudad. Antes los bloques en oposición eran muy delimitados entre quienes estaban beneficiándose y quienes siendo explotados en un mercado de relaciones de producción, ahora lo importante es distinguir los amigos de los enemigos a partir de quienes están creando problemas y quienes están por solucionarlos. Antes la adscripción a unos postulados subscritos por delegaciones que marcaron hitos en determinados enclaves y fechas, era suficiente para crear una corriente heterogénea de simpatía y la presunción de un frente de vanguardias basado en un bloque histórico de alianzas a favor de un socialismo, hoy está en duda la validez de la misma terminología de concreción de los cambios para una sociedad feliz y sin clases, a pesar de que viejos guardianes de la ilusión como A.Gades se siga pronunciando por el Comunismo, en una interpretación de crisálida, como si la idea comunista no hubiera quedado alterada después de todos los desmanes a lo largo de 3 o casi 4 generaciones de concreción sociopolítica. En lugar de eso las ideas y los programas son entidades sujetas a los factores de incidencia que va presentando la historia y en ciencias sociales mucho más que en las físicas, aquellas fluctúan y hasta pierden sus denominaciones de origen a la incorporación de nuevos elementos que obligan a reinterpretarlas.
Hablar de comunismo obviamente ya no es hablar de su concepto reescrito en el manifiesto de Marx y Engels sino de los añadidos establecidos por su modo de aplicarla por quienes se han reclamado de él. Lo mismo se podría aplicar a otros postulados y definiciones que no son estáticas a través de las décadas sino que varían más pronto o más tarde en función de la prostitución en la que caigan los términos-clave y el vocabulario que los acompaña. De hecho todo término expresivo es como un organismo que nace, se desarrolla y muere. No puede pretenderse estatuizar una terminología para siempre y eternamente. Lo fundamental por encima de la palabra sacralizada está la retomación de los conceptos conexos para seguir haciéndolos prevalecer transversalmente a lo largo de los tiempos. Pero esto es otro gran tema relacionado con la semántica y con las confusiones comunicativas. Coyunturalmente el ahora de la concreción y de la supervivencia para hacer frente a los temas de sostenibilidad y de organizativilidad comunitaria es más significativo que las grandes tesis de doctrina o los macroobjetivos con palabras-fetiche que dejan de tener significación en tanto admiten tantas definiciones como usuarios tengan. La diferencia entre este ahora y el antes de las estrategias, está en que éste (el de tantas décadas de este siglo hasta la de los setentas) ya no da respuestas a las preguntas de la vida social. Los luchadores y activistas se han quedado sin una teoría-mater que actuara como línea fronteriza y a partir de la cual quedara muy clara quien estaba a favor y quien en contra y con eso hacer los cálculos sobre alianzas y perspectivas de éxito o fracaso. Esa teoría era el marxismo más o menos adjetivado con la colección de otros ismos incorporados por cada gran avatar convulsionado, generando creencias masivas que las distintas clases de leninismos, maoísmos, trotskismos eran una derivación coherente y adaptada al marxismo original. La empiria pugilística de las encrucijadas de confrontación social se iría encargando de demostrar que podía haber tantas diferencias internas en el cóctel de los ismos, como entre posiciones antagónicas desde el programa base. La Guerra civil española había sido un ilustrativo aprendizaje al respecto, pero no el único. La ley de la historia acabó por burlarse de sus protagonistas más destacados demostrando que por encima de ellos, los gestores de poder acababan por defender estatutos privilegiados por encima de causas nacionales o sociales y por ello, los ex disidentes sociales acababan siendo los más firmes baluartes y conservadores del nuevos régimen para socavar otras oleadas de disidencia.
Sin duda, la crisis teórica de un marxismo ya quedó iniciada en los protocolos de la consolidación de la revolución bolchevique, cuando no tuvo en cuenta la concurrencia de otros sectores de opinión. Y esa crisis se ha ido manifestando con más rigor y oscilación al paso de las escenografías mundiales de conflictos políticos y armados. No obstante los movimientos reivindicativos por mejoras de derecho y los vindicativos por instaurar una sociedad de paz y equilibrio no han cesado. Y tales movimientos han girado en torno a diferentes expresiones políticas a pesar de lo claro que resulta ser la política como un negocio sucio, ante el que hay que contraponer alternativas a pesar del riesgo de ensuciarse, para contrarrestar el no dejarlo en manos de los mismos magnates corruptos. Es la idea de Erich Fried bastante consensuada pero que no es ninguna garantía de preservación de la dignidad e integridad ideológica de nuevas huestes de profesionalizados en la lucha política y en la agitación propagandística.
Dentro de esta reflexión, tiene categoría de privilegio, la crítica a las corrientes continuistas del marxismo y a los propios fundamentos de éste, sin cuestionar sus aportaciones reflexivas y el que fuera abanderado durante la AIT en contraposición a otros programas conciliadores (La Socialdemocracia alemana) o los no programas (el bakuninismo). Pero esa reflexión es altamente significativa si junto a ella concurren todo esfuerzo recuperador por aquellos estilos de acción revolucionaria que quedaron marginadas de la consolidación de triunfo alguno y que sin embargo contribuyeron al avance de las victorias obreras. Todo proceso vindicacionista mueve innumerables factores que son objetiva y subjetivamente aliados del mismo y que no son reconocidos como tales por quienes capitalizan sus resultados. Más allá de hacer frente común contra un obstáculo perviven diferencias de fondo e ideológicas. Diferencias tan significativas que no han permitido secundar genuinamente simbiosis verbales entre los contenidos positivos de unos (las versiones anarquistas) con los positivos del o de los marxismo/s. Las profesiones de fe anarco comunistas acabaron siendo en su mayor parte tímidas variantes del anarquismo clásico. En lugar de reconciliaciones especulativas que históricamente no se dieron y que en el futuro pendiente cercano nada asegura que se den, se pudo pensar en una teoría revolucionaria adaptada para la época histórica de cruce de crisis. En tal teoría evidentemente deberían estar presentes todos los elementos de análisis que la Historia ha ido modificando como irrefutablemente objetivizadores, pero en modo alguno podría basarse en la premisa falsaria del "todo está dicho y de lo único que se trata es de saber adaptarlo a las circunstancias".
Esa presunción teórico-doctrinaria para la nueva época resultaba atractiva porque parecía una promesa de una nueva teoría mater. Terminada la anterior ¿porqué no buscar otra ciencia que lo explicara todo y garantizara con una fórmula especial el salto cualitativo en la historia de lo humano, para pasar de los modelos caducos a un modelo pletórico de felicidad y bienestar? Mientras la idea podía ser cortejada, el modelo social que nos hacía sus víctimas, iba creciendo en poder económico y desarrollando la gestación de una gran clase media con poderosos recursos de vida: era la instauración de la sociedad del bienestar: un paraíso incluso al que se fijaban como objetivo único de llegada, el resto del planeta todavía lastrado en sus necesidades primitivas.
Lo cierto era y es que el hecho de una terminación teórica no significaba ni significa su eliminación total. Cada vieja teoría que ha aspectado una parte de la ciencia humana deja un vestigio de ella que se prolonga horizontalmente en la historia y a través de otras teorías nacientes, de la misma manera que ninguna teoría nace sin recibir el sello de sus anteriores. La metodología del materialismo dialéctico es un componente básico de una línea de pensamiento con la que interpretar la sociedad, su historia y todo lo que contiene y el primer axioma de tal metodología es la admisión explícita de que no existen métodos estáticos para la evaluación de todo cuanto acontece, sino un método de permanente autocambio. El materialismo metodiza e instrumenta pautas para revolucionar lo objetivo a l mismo tiempo que se proyecta sobre si mismo permanentemente para revolucionarse. Esto es opuesto a una visión doctrinaria estructurada con presupuestos infalibles y eternos. Toda teoría de lucha debe contener un registro anti teórico de sí mismo si es consecuente con su aspiración renovadora.
La esencia de la concepción dialéctica de los fenómenos sociales, naturales e ideológicos, es totalmente antagónico a toda idea fijista y estatuaria de las conclusiones. En consecuencia, la metodología materialista como cosmovisión dialéctica de la totalidad es adversa a la admisión del conservadurismo de las mismas conclusiones a las que conduce su empleo, una vez que éstas han permitido su carácter revolucionario y nuevo. La disyuntiva de toda renovación o fenecimiento está presente en cada proceso vivo. Bajo el manto de la estabilidad y su apología se pueden ocultar anquilosamientos de temores a avanzar y explorar las nuevas circunstancias. Tener un criterio doctrinario de una vez para siempre (las llamadas creencias o principios) puede conducir tan directamente a la parálisis de generación de ideas sino a la idiocia, tan rápidamente como el extremo contrario: no quiere admitir un compromiso con una entidad teórica con la que ponerse de acuerdo socialmente.
Desde el punto de vista de la renovación de las ideas y el avance del pensamiento colectivo, las fricciones y las fracciones son bajadas de realidad y descensos a lo real, desde estructuras imaginarias que se mantienen con suertes combinadas de dogmatismos, inmovilismos e historicismos. Es así como los procesos de ruptura y desgajamiento internos de los grupos dando lugar a representaciones parecidas de escisiones de escisiones y presunciones de izquierdas de la izquierda, no dejan de ser muy ilustrativos y enseñantes, que en conjunto siguen una dinámica de ensayo-error. Por su parte los movimientos electorales de una sociedad que se cuenta por millones de votantes a los programas de los cartelismos impactantes, no son sino exploraciones masivas de los pueblos con su historia compartida para aprender en esa interacción. Es un argumento de consuelo que equivale al de afirmar que todo movimiento es mejor que la quietud esterilizante, y que tras la comisión de cada error social e individual hay un paso dado más cerca de la sabiduría.
Tanto en el discurso y elaboración de ideas teóricas como en la aplicación de actitudes prácticas, tiene categoría de Emergencia las últimas que se hallan en permanentes vigilancias ante las tendencias de negación que se vayan incubando. Si la Reacción ante los avances históricos no son frenados por los vigilantes del desarrollo y por los entusiastas de los cambios de superación, entonces el peligro de la descaracterización de los contenidos revolucionarios, está dado. La larga estela de ismos revolucionarios o presuntos de las décadas recientes (la de los setenta y aún la de los ochenta)fueron sostenidas unas veces por el acompañamiento a teóricos más o menos reflexivos -o revolucionarios destacados-que sostenían las estructuras-orla de las que se valían. Este hecho por sí solo demuestra como muestra inequívoca una imagen ridiculizada en la que fueron cayendo variables de actitudes conservadoras dentro de epígrafes semánticamente inflados de cambismos. Sería una concreción del quintocolumnismo tan criticado por los grupos más radicales que veían siempre infiltraciones del poder en sus filas, sin atenerse a que la principal infiltración contrarrevolucionaria era la de las actitudes mentales de negación y las caídas en adoraciones personalistas.
Para el futuro histórico, de poco o nada sirve, adoptar tal o cual calificativo nominal, si junto a ello se carece del prisma con el que entender y combatir la época en la que vivimos. A lo sumo semejantes atributos tienen una utilidad académica para mantener en vida, tal o cual corriente seguidista de tal o cual ilustre predecesor. Se trata de una existencia anfetamínica y en modo alguno creativa. Y supuestamente mantendría una coherencia en base a palabras, citas y análisis de épocas ya dejadas atrás. Los ismos citados como añadidos pontificadores a los nombres propios "de los grandes" han contribuido en sus momentos inconmensurablemente a la historia de la emancipación de la humanidad, sin creer por ello que todo lo aportado ha sido riguroso, correcto, exacto e infalible. Cada reyerta emancipatoria ha generado injusticias y lastres negativos. Cada revolución ha sido injusta por su propia naturaleza actuante. Cada cambio hacia adelante veta la vida a otras elecciones retrógradas. Y cada propuesta progresista puede atormentar a quienes no están en condiciones psíquicas subjetivas para seguir la pauta cambiante de los tiempos.
Sin duda toda la acumulación de experiencias anticapitalistas, victoriosas o no, han contribuido decisivamente a situar con mayor claridad, el costoso precio de la Revolución en la mayúscula de un Significante de Época. Ni las líneas teórico-políticas específicas, ni toda la acumulación de experiencias fácticas de intentos de nuevas sociedades, son o pueden ser menospreciadas. Ante toda contribución de análisis y todo movimiento progresivo nuevo se impone la necesidad ineludible de su reinterpretación y de su uso simbiotizado para acometer tareas históricas pendientes. Tareas como realidades por hacer que heredamos de hecho todas las personas indistintamente de los grados de compromiso adquiridos con teorías y situaciones.
Es una línea de interpretación dañina hablar en términos divisorios sobre "los que triunfaron y los que fracasaron". Todo proceso social avanza y se supera a sí mismo en base a aportaciones distintas que se van agregando a él. En definitiva todo proceso incorpora elementos extraordinarios en su velocidad ordinaria. El que contenga unas tónicas de aceleración o por el contrario unas tendencias de involución depende de las incidencias que en su seno tengan las fuerzas activas de todo proyecto revolucionario. Pero hoy hablar ya en términos de proyecto revolucionario como de escisión contextuada y programable a este tipo de sociedad ha perdido la fuerza semántica y conceptual de los tiempos en que la apreciación de un monopolismo de estado y una concentración de poderes hacía presumir la precipitación radical. En lugar de ello los fenómenos de marginalismos insertos en las sociedades comunitarias que han aceptado su rol de destino en una Realidad "a pesar de todo" soportable, hacen temer que la sociedad actual con sus variantes tecno perdurará durante todo el siglo XXI cuando menos. Depende de las intervenciones de los factores extraordinarios si los procesos de lucha se seguirán manteniendo como atestiguadores de contradicciones o como resolutores incuestionables de las mismas.
Todo análisis del presente se ajusta a lo que realmente éste es en tanto que desiste de releer la historia que lo ha determinado. En cada actualidad siempre hay un pasado del que hablar. La historia antecedente es algo incambiable ciertamente: lo que ha quedado registrado como Pasado es algo ya materializado y consumado sobre lo que no se puede reincidir. Pero es algo a la vez que existe como proyección residual y en tanto que es una cantera permanente para la extracción de nuevos conocimientos y a la que acudir para la comprensión de todas las experiencias coleccionadas. Los estudios de aproximación a la historia nos han revelado como la Lucha de clases ha sido la expresión orgánica de la principal contradicción interna que ha arrastrado distintos modelos de sociedad. Más profanamente: lo que unos han tenido y gozado ha sido exigido como goce comunitario por otros que lo han tenido privado. Sabemos que unas sociedades clasistas vinieron a reemplazar a otras y como las coyunturas insurreccionales presididas o al menos atribuibles a programas obreros no lograron consolidar sus triunfos siendo luego puentes de introducción de otras variantes y modelos de esclavitud humana. En esta aproximación al conocimiento del proceso histórico se ha constatado repetidamente que no hay unas clases justas y otras injustas, sino unas con reclamaciones y necesidades pendientes de satisfacer y otras con los temas de este tipo resueltas, sin que ese reclamo de satisfacción sea una garantía de otorgarla-a su turno- a otros sectores que han quedado rezagados en el proceso. Los móviles de egoacaparación han hecho furor en todos los contextos. A fin de cuenta en situaciones de desastre social las conductas de usufructo del botín acompañan a los protagonistas de los amotinamientos. Se ha constatado repetidamente como unos factores positivos pasaron a convertirse en negativos en un alumbramiento de inversión de roles, tras la concurrencia gestatoria de unas premisas de poderla alusión a un protagonismo heredado y asegurado de clase consecuentemente revolucionaria para el proletariado según una visión concentracionista de las industrias, y en el fondo reduccionista y simple de Marx, sería tan descabellada como la presunción de que el agente histórico del cambio se trasladaba al estudiantado, según el punto de vista de Marcuse, por su mayor acceso a la cultura y mucho mas la presunción trotskista de que la juventud podía ofertar mayor energía vanguardista y revolucionaria por la cuestión biológica de tener una mayor energía física. De hecho lo que está en duda es si una línea de búsquedas de agentes transformadores puede encontrarlos concentrados en un segmento social o humano. La facultad de transformación de las cosas está exageradamente repartida y siempre sorprende como individuos de todas las clases y orígenes se suman al proceso cambista, sin por ello ser necesariamente representativos o exponentes del sector al que pertenecen. Es más fácil el seguimiento longitudinal de una biografía de persona que dar explicación a los fenómenos de grupos en los que unas causas que generan unos cambios luego acaban por convertirse en efectos contrarios de los que pretendían. De hecho todo abanderado imagina mentalmente unos supuestos que una vez consumados pueden convertirse en obstáculos para sus propios intereses personales.
Hasta el s.XIX las convulsiones sociales que habían tenido lugar en países y continentes en distintas fases de desarrollo, apuntaban a que el Capitalismo sería el último modo de producción basado en la explotación´ de la persona por la persona. El análisis de las leyes económicas en torno a las que orbitaba la producción y el mercado permitió premonizar el proceso futuro de concentración monopolista al que se veía abocado el sistema social en su conjunto. La visión objetiva por la que se establecía la progresiva acentuación de la contradicción prioritaria entre aumento de socialización de las fuerzas productivas y apropiación .cada vez más, privada de ellos, se ha ido cumpliendo y demostrando con creces. Esto no ha ocasionado el imaginario y deseado tanto como deseable estallido definitivo del modelo social cada día más visiblemente alienante, relleno de antagonismos y superfluidades. Si este estallido no se ha cumplido no es atribuible ya al argumento máster de falta de conciencia y debilidad organizativa de una dirección. La responsabilidad hay que atribuirla a la no extracción de deducciones consecuentes de aquella visión de arranque. Un conjunto consciente no automatiza un avance directamente mecánico. La concienciación de una necesidad no le hace hueco y la engendra automáticamente.
Una nueva teoría y con ello la arrogancia del concepto de vanguardización de la historia y de sus factores pasa por el reconocimiento de que la vieja teoría ha caído y de que los análisis de estructura social no se han exhaustivizado todavía. Además después del marxismo teórico, una nueva teoría de transformación social no puede quedar exclusivamente en manos de la sociología, la economía y de la política. Los análisis de la economía del despilfarro (Samuel Bowles, David M Gordon,Thomas E.Wisskopf), los de la estructura social (Julián Marías, Anthony Giddens) y los del estado del bienestar (Elías Díaz, GöranTherborn)arrastraran carencias sin la contemplación de las aportaciones de la psicología comunitaria(Sanchez Vidal) y de la psicopatología evolutiva(C.Monedero).
Una teoría de transformación social pasa ya definitivamente por los discursos que contemplen tanto lo individual interfactorializado por la concurrencia de los factores de entorno e influencias sociales,así como lo colectivo por el agregado de los síntomas individuales. El sujeto deja de ser la víctima modelada del conjunto comunitario en el que vive, para ser a su vez, su cómplice y perpetuador.
El estado de inocencia es una frágil presunción que se viene abajo cuando el individuo adquiere suficientes datos de información como para saber a bordo de que sociedad y de que historia está y cuáles son las consecuencias indirectas que dimanan de sus actos. Incluso, evolutivamente el individuo es corresponsable desde sus etapas instintuales cuando unas conductas que no controla lleva a imponerse como sujeto exclusivizador en el núcleo consanguíneo al que llega y se materializa. La presunción de inocencia ya no tiene objeto en un mundo de tal densidad y complejidad relacional que cada micro acto en uno de sus extremos tiene impacto en sus antípodas. Cada individuo como miembro comunitario en distintos planos de relación con los demás no puede zafarse de destinos impuestos por las determinantes circunstanciales sino se convierte en un antagonista
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