Los deseos y el no-ego
Los deseos y el no-ego JesRICART
El desapego ha sido/es uno de mis ejes filosóficos. Me debo a su reconocimiento en tanto que es uno de los ejes configurativos de una existencia de pretensiones pobres a las que me he apuntado con otros. Me congratula recordarlo en tanto que principio vital así como escenario biográfico, al que califico, con alguna aceleración, de integrar mis mejores episodios[1] .Esos han tenido que ver con la máxima nada asumida. Con el vacío sin angustia, con el menor número de objetos, responsabilidades, cosas, proyectos, objetivos o necesidades en ese momento concreto. Seguramente en mi constitución como viajero existencial he ido pasando por distintas fases de alojamiento en mi corporeidad (verdadero vehículo espacial del espacio físico próximo) y de re-colocación de las ideas y los criterios, para finalmente, una vez ensamblado todo, volver a reconocer los perfiles ya vislumbrados desde mucho antes. La función de los deseos en una infinidad de campos de relación ha venido a cumplir el encuentro con los espejismos. Todo deseo no era/es más que un simulacro de una nueva realidad que al cumplirla, resulta no serlo que parecía ser. En ese sentido, el capítulo existencial de la deseidad tiene dos hitos en su desarrollo: el de las ganas irrefrenables en conseguirlos (desde los primeros juguetes de la infancia a las últimas obsesiones de la senilidad) y el de la extinción de mecanismos por la reproducción deseante. Esta empieza tan pronto se atisba el parecido entre los deseos de un antes y los deseos de un ahora y los deseos que puedan suceder a este ahora. La vida entera la podemos pasar deseando objetivos irrealizables, posesiones intenibles, personas distanciadas, imágenes irreales o parámetros ideales. Y hacer un combinado con todo ello a modo de salmodia con la que arrasar otros argumentos y con la que protegernos de nosotros mismos, a modo de una capadura con la que no permitir/nos penetraren nuestra interioridad. Cada individuo piensa que haberse levantado como sujeto de provecho (hombre hecho y derecho) le ha costado muchos esfuerzos de trincadas y amarres. Después de eso se ha hecho discriminatorio por lo que hace a parabienes o diletancias, asuntos de interés material o laberínticas filosofías. En resumen la medida del triunfo es la estabilidad de los propósitos gananciales. Y todo triunfador lo sabe, lo repite y lo reproduce hasta la saciedad, Por lo que será refractario a cualquier otro vector que le aparte de los verdaderos deseos del producto medible y disfrutable. Y lo seguirá siendo por muchas orfebrerías de idealismos que puedan ser desplegadas ante sus ojos. Detrás de los distintos nombres del deseo (y de los deseos) aparece una antropofagia de poder dado por las posesiones y por las pleitesías de las gentes, y eso suele quedar determinado por registros económicos, beneficios monetarios y opciones de pagarés de toda clase de caprichos.
La existencia como un viaje de ida y vuelta, tiene una marcada etapa para las conquistas, las luchas, los objetivos, el despliegue de deseos, la afirmación del yo, la afirmación del valor, el encuentro con la razón de ser, la empatía, la solidaridad, la pluralidad y la guerra de posiciones; y otra gran etapa no tan marcada, para los desengastados, la retirada, la filosofía, la reflexión, la mansedumbre incluso, el reciclaje de objetos en su indeseabilidad, la caída de los ideales, la de-subjetivización, la dilución en el todo, el trans-ser dejando pasar sensaciones, ideologías, luchas y la necesidad de victorias. Una etapa es la de los deseos necesarios. (Es importante desear vivir para vivir). La otra es la de los deseos retirados. (Es importante darse cuenta del papel transicional que han jugado los deseos en la comprensión del universo), la que pretende el no-ego, y en última instancia el no-ser. Todo aquello que más ha preocupado a la filosofía analítica y a las religiones por lo que hace a la identidad constructivo del sujeto y por lo que han flameado pasiones y disputas, parece que está destinado a ocupar el lugar del no-lugar, el tema desatendido, el arte de la vacuidad. En ese tránsito del ir y regresar, el adulto puede encontrarse con formas verbales ya expresadas en los años de formación[2] . ¿quién no se ha descubierto en un otro yo al releerse en textos del pasado? Y ¿acaso eso no es sospechoso de una imbricación de cada sujeto pensante con un pensamiento humo que viene de lejos? Lo que decimos, sea lo que fuera, parece que tiene un antecedente remoto de otro texto que le anticipó el camino. Y al hacerlo dejó un poso de sabiduría para usufructo de los venideros. Posiblemente al principio del vivir los mensajes que nos rodean nos indican qué cosas nos son dables y qué otras no debemos desear, por razones de clase o por el peso de determinados estigmas. sea cual sea la ideología del entorno y sea cual sea la salud mental del primer grupo de acogida (la obvia familia por lo general), nos hacemos a unos dictados y a unas pretensiones que inicialmente pasan por seguir los deseos ajenos (del padre o de la madre comúnmente) y posteriormente por los deseos propios. Sin esos dos momentos estelares resultaría inconcebible la constitución del ser humano tal como lo entendemos en sus actos de personación. La construcción del ego en cuanto yo consciente o yo que se va haciendo consciente ante el mundo que habita, es imprescindible para llegar a estar en condiciones algún día por alcanzar un no-yo. Pero la trascendencia del ego no se limita a expresar un mensaje críptico o a retomar la herencia de teorías sagradas, sino que forma parte de una nueva forma de tomar la vida. Si antes, el sujeto entrampado en los deseos y en las formas variantes de los mismos, tuvo necesidad de circular cientos y millares de veces por esquemas muy similares (fijación de objeto-conquista-schock de realidad-distanciamiento), luego el sujeto coleccionario y arracimado por tantas conductas similares se sabe tan hueco como al principio y re experimenta el contacto con la vaciedad de una manera diametralmente opuesta. Mientras el primer vacío es llenado con razones existenciales embutidas incluso artificialmente, el segundo momento estelar de encuentro con el vacío lo es desde la dignidad trans-seista en la persuasión de que cada forma de vida no es más que una expresión azarosa de una multiseidad. Puedo ser materia a la vez que antimateria, soy átomo que integra la carne de un cuerpo vívido o a la caoba de un objeto (¿inerte?) de decoración. Soy animal y humano, tierra y aire, molécula y química. Soy lo que soy y soy lo que no soy.soy un físico y una mente y un alma y me remito a una hermenéutica de lo que no puedo explicar de mi mismo. Y al ser y no ser, sé que también estoy -posiblemente más-en el vacío (proporcionalmente mayor) entre átomos que en esos mismos o en sus ondas que en sus núcleos. De la misma forma que sé que esta prosa de ahora y aquí, está diciendo más en lo que deja entrever entre palabras que en las palabras mismas. Ente la una y la siguiente fluye el misterio. Eso es posible después de pasar por innumerables objetivos y proyectos de deseo, ítems de consecuciones, aplicaciones de vida, inventario de razones para una racionalidad nunca del todo adquirida.es difícil concebir praxis concretas de motivación y una vida entera vertebrada y sólida sin la adscripción a los deseos. Paradójicamente es inconcebible una vida trascendida y pasajera a cotas más elevadas sin una superación del ego. Sin embargo puede resultar tan temible prescindir de sus aportaciones en etapas prematuras del crecimiento intelectual, como seguir estacionario en su paradigma, como si no hubiera nada más después. en todo caso: la pérdida de corporeidad y de materia está garantizada y el no-ego está preservado también para los seres más resistentes a la trascendencia. Trascender, pasar, fluir, regenerar, revivir, re-ser, forma parte de las leyes de la naturaleza.
A menudo me gustaría que los diferentes encuentros(=coincidencias, oportunidades, hallazgos de personas singulares e intimidades) que me va proporcionando la vida con el género humano, gestará condiciones para grandes y edificantes historias de relación, y con ellas el cumplimiento de deseos espectaculares. Sin embargo el reconocimiento de las cargas ficciosas de todo proyecto continuista con una inmensa mayoría de gente y de empresas que no pasan de virtuales, me ha frenado considerablemente los deseos posicionándome en una actitud de censor ante mis elecciones[3] y también en tanto que soy objeto elegido. ¿son eso manifestaciones del no-ego, o una anticipación de resultados evitando gastos energéticos superfluos en los procesos? Se ha dicho siempre que mientras hay vida hay esperanza y he querido entender la esperanza como uno de los nombres del deseo, el de conseguir lo que no está, el de hacer lo que no existe. ¿pero esos inclusiones de lo subjetivo en un panorama, no tienen algo de intrusión a una dinámica lógica del devenir
[1] las épocas neorrural, neohippie, trans-locacional y trans-loca.
[2] Agustín Medina inicia Notas al margen.eds.folio,Barcelona 1995 con el siguiente poema de su adolescencia: "Cuanto más sé,sé menos/No me sirve lo que aprendo./Cada experiencia es una duda más/que guardo dentro".
[3] La oportunidad de encuentros con históricos como Iñigo de Azurmendi tuvo menos significación que el cansancio que llevaba conmigo retirándome pronto y excluyéndome de una velada hasta altas horas de la noche que prometía ser terriblemente soporífera dado su feeling por la diletancia y por contarlo todo con pelos y señales,concluida la saga familiar de su pertenencia, tema que ya me agotó.
