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25 Mayo 2009

La necesidad de tener proyectos.

Proyectos. Sentido y necesidad.  JesRICART

Hay una proximidad entre objetivos y proyectos pero no se trata de lo mismo. Aquellos son metas a conseguir, éstos son programas que pueden vertebrar uno o más objetivos como consecuencias o realidades potenciales, no como destinos precisos. Los proyectos de vida, presentes durante momentos, fases o largas etapas, están estrechamente vinculados a los deseos y a la política ideológica personal que los nutra.  Los proyectos puros serían/son una concreción de los deseos últimos. En la práctica no es así cuando los proyectos son concretados  por conveniencias determinadas, por un coyunturama o por un oportunismo existencial. Los proyectos en la vida tienen un valor reverencial fantástico en cuanto su colección permite saber la imperancia de los intereses en cada momento de crecimiento y en qué medida la puesta en práctica o no de ellas posibilitó el  progreso personal. Su especulación ha llegado a crear  un hábito fijo por el camino  de la ensoñación, hasta el punto que un exceso de proyectos en el aire son una medida de dispersión de intereses o de debilidad en la concentración. Su ausencia total  da cuenta de lo contrario: una mente en blanco y desinteresada apta para aceptar cualquier iniciativa ajena aunque no sea conveniente.  Después de un primer feeling con una idea general que es presentada a alguien -y en tal acto-convertida en un sondeo de propuesta, para luego-si es que hay un luego orgánico-ponerse manos a la obra y convertirla en un proyecto en fases; pueden suceder varios resultados, siendo la mayoría  de tipo obstaculativo a la actividad planteada. Posiblemente al hablar en pasado podemos referir más ideas en las que penamos y no pudimos hacer que aquellas otras que fueron concebidas, dichas y hechas. Los pocos o muchos proyectos del pasado han actuado como las parideras de lo que somos. Y en su recuerdo encontramos una especie de morada lunar en la que cobijamos durante un tiempo romanticismos e idealismos para robarnos con los rígidos corsés de la realidad. si el sujeto adulto es justo consigo mismo y hace balance de lo que empezó y no acabó, de lo que proyectó y medio siguió, de lo que concibió y trató de realizar, puede entrar en un balance caído en un barrizal en el que será preciso arremangarse para tratar de salir  no sin algún desaire.  Nadie es un robot matemático como para haberlo cumplido todo en términos prácticos después de haberlo ideado en términos teóricos de proyectos. Los proyectos, sean cuales sean, sirven precisamente, para poner a prueba la propia valía, para hacer pruebas de realidad-y viabilidad-con ellos, para trajinarlos de un lado a otro y ver la cancha que  permiten, y finalmente desestimarlos o mantenerlos como una evocación del itinerario biográfico seguido en el plano de lo imaginario. Es obvio, que de no existir proyectos no existirían empresas, ni industria, ni ciudades, ni modelos sociales, ni viajes, ni grupos, ni existencias tal como las vivimos hoy en día. el proyecto ocupa el lugar de mando en una realidad desbocada aunque al hacerlo ejerce una transacción en falso: una pirueta de golpe de estado al canon de la verdad. A base de proyectos  se puede estar reemplazando la realidad contractual por una realidad futura o imaginaria que no tiene porque instalarse nunca. si en término sociales sabemos que la realidad ha sido casi totalmente sustituida por la información, sumergiendo a todo el mundo en circuitos de representación(Quintín Racionero[1]  1999), no es menos cierto que la escapada del real forma parte de la estructura psico-mental del os sujetos sin necesidad de ninguna presión de ninguna clase de modelo social. Es tanto más fácil criticar el modelo porque se nos antoja como objeto externo o abarcable: "La sociedad es...etc." frente a las dificultades del discurso que compromete el plano individual:"el sujeto inter-subjetivo es...". Por eso es más admisible la afirmación de que la democracia es un mito (lo era ya en la concepción griega originaria) que la propia construcción del sujeto también tiene algo de mítico. Si la certeza no está en las formas sociales ¿porqué tazón debemos buscarla en las formas individuales? El individuo no es  más que un terco buscador de una identidad que se le vaporiza frente a sus ojos y en esa persecutoria  cata a medias la dimensión de la grandiosidad, rápidamente neutralizada por las maquinarias de fabricación de las morales superyoicas. su plano de registro de los proyectos le permite entrar en la tesitura de ser admitido en sociedad, y de aspirar  a la condición de ser uno de sus próceres. en cuyo caso desde torres más bajas a la suya de marfil le campanearán las glorias. Puede suceder-como de hecho sucede- en una mayoría de casos, que tales proyectos de corte individual sean condenados a la privacía y no sean admitidos con plenos derechos en los ecos de sociedad, quedando así condenado su artífice, al ostracismo o a la contaduría de anécdotas para nietos a falta de historias de cuentos mejores. Puede suceder -como de hecho se constata- quelas militancias arremangadas para construir proyectos bien trabados no sean tenidas en cuenta por nadie y solo sirvan para untar historietas, literaturas baratas, prosas de sobremesa y seguir con el tentempié de las miserias intelectuales, de inmersor en un mundo que parece ser hecho por y para otros.  Esa construcción sentimental subjetiva de la exclusión marginal ha llegado a tener tanta entidad, que ha sido/es pandémica, y en cierta forma, gracias a ella, hemos podido gozar de artes, impulsos, reinventos, moralejas, metáforas y paradojas existenciales, que de otro modo nos habrían sido negadas por una supuesta sociedad de la rectitud donde todo el mundo tuviera el mismo tipo de oportunidades y la lucha inter-subjetivo careciera de categoría presencial. Los proyectos son unos u otros  en su exposición en las pizarras o en los guiñoles, según el momento social en el que se desea incrustados. el peor de los proyectos (lo mismo, que sin llegar a él, la más simple de las propuestas)sirve para desenmascarar posibles aliados como verdaderos demoradores por no decir enemigos, y para dicotomizar situaciones, poniendo a un lado los recursos y al otro, los obstáculos.  Hay una guerra sorda que maneja esos factores. O se está a favor de la solución o a favor del problema-se ha dicho en un alarde de ingenuidad pero de de máxima brillantez plástica- .Eso es aplicable al uno mismo. Uno puede estar viviendo una eterna espiral de falsedad tras proyectos supuestamente vertebrantes, que no dejan nunca como datos reales producciones de cambio o progreso, pero en cambio sí empeñan una hipoteca real del tiempo y la biografía propia que no será recuperable. Eso se puede rastrear en otros planos de la psicología de las relaciones y de los objetos. La existencia sigue canons de solapamientos en los que lo verdadero no está en el plano de lo dicho, y lo aparente es la superficie que esconde la lógica profunda del comportamiento.

Desentrañar esa mecánica pasa por ejecutar pretensiones y planes. Solo pasando por los proyectos se encuentra la horma del zapato con la que recuperar des-propósitos y sosiego fuera del estrés de la lucha y la compulsión que te hace necesitar  enfrentarte siempre a un reto[2] .De todas formas, los proyectos como entretenimientos del espíritu así como  argumentos ajustados a un entorno para hacerlo mejor o para generar la necesidad de quien/es los incentivan, es casi indispensable de la misma vida. La vida por hacer es ya un proyecto. Vivir sin proyectos puede significar la vida de otros, es decir, aquella vida que te ha sido planificada por quien ha tomado la responsabilidad de tutorizar la tuya. aceptada esa necesidad  rectora como método, los proyectos  es el nombre orgánico de los deseos de la naturaleza psíquica, y convierten al ello biológico en un  yo social interactivo y empresarial. El yo reemprendido en la positura de dirigente y supervisor de la propia realidad demás de las ajenas relacionadas eleva al sujeto a un rango de liderazgo y a su consciencia a un estadio que permite la retrospectiva, el balance y la comparación.es decir el establecimiento de la fisura entre pasado y presente y la no justificación de toda clase de pasado, lo cual categoriza como una elaboración elevada la lucha por los objetivos proyectados por el uno mismo.

 

 


[1] catedrático de filosofía en la UNED,pte de la sociedad Leibniz de filosofía y de la sección de Filosofía del ateneo de Madrid.En generación XXI V1999.,

[2] Las tesis de la vida como reto ha ido pasando de unas manos y unas ideologías a otras ,manteniéndose leal a la concepción general, de tomar la existencia como un proceso necesariamente duro. ¿Porque no tomarla como  el hospedaje en una paraíso donde tomar libre y espontáneamente sus frutos?

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